Dentro del imaginario de D*Face

Urvanity_crew Urvanity_crew / 6 abril, 2020

‘Deface’: del inglés, dañar la apariencia de algo especialmente mediante dibujos o pintando sobre ello. «Así empezaron a llamarme mis amigos en aquellos años cuando pintábamos graffiti», dice Dean Stockton, alias D*Face (London, 1978) sobre su nombre. «Pintaba personajes, caras… De ahí que en inglés “these faces” se fue transformando a algo así como “D-faces”. Me gustaba ese juego de palabras entre caras “faces” y desfigurar “deface”».

En aquellos años, ya hace más de 20, cuando al Street Art ni siquiera se denominaba como tal, D*Face estaba bombardeando las calles de Londres con sus pegatinas, paste-ups y su reconocible logo D*Dog. Tras tomar las calles de su ciudad natal, pronto hizo lo mismo con la Costa Oeste californiana, gracias intercambio de material vía correo postal con un joven Shepard Fairey, para al poco tiempo poner al resto la escena artística a sus pies. En 2006 tuvo su primer solo show con un rotundo sold out y su último movimiento ha sido precisamente en el corazón de Madrid, con un muro de 20 metros comisariado por Urvanity Art. Llamamos al artista para hablar sobre su trabajo, su pasado, cómo está viviendo estos días de cuarentena y sobre lo que está por llegar.

¿Cómo fueron tus inicios en la cultura urbana londinense?

Desde muy joven estuve metido en la escena más temprana del hip hop y la cultura breakdance de la que se alimentaba el Reino Unido. Para nosotros eso era sinónimos de Nueva York y graffiti, iban de la mano. Pocos años después comencé a hacer ‘skate’ y algunos de los chavales con los que me juntaba estaban ya metidos en el graffiti. Nunca fui demasiado bueno en ello si hablamos del graffiti en un sentido más tradicional, así que no fue algo que me acompañara mucho tiempo. Sin embargo el ‘skate’ sí lo hizo, y comencé a familiarizarme con toda su estética, con Thrasher Magazine y esos dibujos old school… Me empecé a dejar llevar más hacia un estilo más punk. Mi hermana mayor me llevaba a conciertos de The Cramps, The Pistols… Por ese entonces tenías que escoger: tirabas hacia el hip hop o hacia el punk. Eran unos tiempos extraños en ese sentido, tenías que mantener en secreto tus gustos musicales si estéticamente representabas otra cosa. A mí me seguía gustando el hip hop pero visualmente me acercaba al punk.

¿De qué manera influenció en el desarrollo tu trabajo en aquellos tiempos?, ¿con qué otros artistas compartías las calles? 

En ese momento no había más que un puñado de personas haciendo algo parecido. No existía una escena como tal, de hecho por ese entonces yo no sabía ni lo que estaba haciendo. Lo único que sabía era que quería usar la calle como un medio de expresión, como un lugar donde mostrar mi trabajo, tal y como hago ahora. Ahí estaban Solo One, The Toasters, Pref, The Shepherds, Banksy… Algunos de mis amigos cono PMH o Mysterious Al, pero yo iba mucho por mi cuenta. Me hacía bastante feliz y tenía más sentido para mí y para el tipo de trabajo que hacía.

Estudiaste fotografía durante un par de años antes de cambiarlo por la animación y el diseño gráfico…

La verdad es que disfrutaba mucho de la fotografía y aún hoy lo hago, pero definitivamente no iba a convertirme en un fotógrafo de nivel. Estaba demasiado ocupado fumando hierba, yendo detrás de las chicas o más bien tratando de ser un tipo guay, más que de ser un buen fotógrafo. Mis padres ya habían desistido conmigo, mi madre me decía que comenzara a trabajar cuanto antes y mi padre que debía haber empezado a trabajar desde los 15 años. Pero si había algo que tenía claro era que no quería un trabajo, todo mi esfuerzo estaba puesto en no trabajar para alguien. Fue cuando me apunté a clases de animación, casi un poco de rebote, pero fue la primera vez que alguien puso delante de mí y me guiaba hacia aquello que realmente me interesaba. Entendí en ese momento qué era lo que quería.

Pero la calle seguía siendo tu escenario principal.

Siempre estaba haciendo cosas en la calle. Estaba fascinado con el uso del espacio público para expresarme. En realidad esto es algo que viene del ‘skate’, es un modo muy honesto de utilizar el entorno para tu beneficio propio, para tu forma de expresión personal. Yo no salía a la calle con latas de spray a pintar en el sentido tradicional, estaba más metido en tratar de desarrollar un diálogo con el público para que éste pudiera apreciar y en cierta manera entender mejor una pieza o un ‘tag’ en una pared. Siempre me han encantado, pero me daba cuenta de que es algo que se pierde ante la gran mayoría de público. 

Entonces, ¿de qué manera te expresabas en la calle?

‘Pasting’, plantillas o stencils, pegatinas… Hoy en día lo llamamos Street Art pero en esos años no teníamos un término. Era más como “nosotros”, mis amigos que estaban metidos en graffiti y que aún siguen… Supongo que fue unos años más tarde cuando empezó a conocerse como algo más. La mayor parte de los escritores de graffiti estaban haciendo por ese entonces sus propias pegatinas, en ese tiempo no les daba vergüenza, no tenía un significado denostado ser etiquetado cono un ‘street artist’. Hoy en día los escritores de graffiti, tratan de distanciarse del término Street Art, lo ven más un juego.

 

Su reconocible D*Dog en Dublin, 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo comenzó esa relación a distancia que mantuviste con Shepard Fairey?

Comenzó con un viaje de estudios a Nueva York. Cada vez que viajaba llevaba conmigo mis pegatinas y las ponía allá donde iba. Me di cuenta que por todos lados veía estas caras en blanco y negro con el escrito de ‘Obey’ debajo y traté de localizar a la persona que los había colgado. De algún modo llegué a la web de Shepard Fairey y le mandé un mail. En esos tiempos a penas había gente con páginas web y probablemente ese fue uno de los primeros emails que mandé en mi vida. Le conté que en Londres estaba haciendo algo similar y si quería podría enviarme sus pegatinas para pegarlas cuando yo estuviera en la calle poniendo las mías. Comenzamos a intercambiar pegatinas, le mandé un montón de posters, material con caras de D*Dog y el a mi… Se basaba en un intercambio de ideas y creatividad, no había nada más que eso. En 1999 vino a Londres para una exhibición y fue la primera vez que nos pusimos cara. 

¿En qué momento entra en la ecuación la apertura de tu propia galería en Londres? 

Entre 2001-2002 viajaba bastante por Europa poniendo posters y conociendo gente. Fui a Barcelona bastante y los artistas a los que conocía estaban haciendo graffiti o lo que ya estaba convirtiéndose en Street Art. Además estaban pintando cuadros para tratar de vivir de ello, sin embargo no existía realmente un sitio donde se pudiera mostrar ese trabajo más allá que en tiendas de ropa. Me di cuenta que se necesitaba un lugar adecuado para exponer y que esto debía comenzar a tomarse en serio. Estuve bastante tiempo esperando que alguien abriera una galería, que surgiera alguna iniciativa, pero simplemente eso no estaba ocurriendo.

¿Así que te pusiste manos a la obra?

Se me presentó la oportunidad de utilizar un antiguo edificio vacío. Fue en 2004, y la verdad es que no tenía la mínima intención de convertirme en galerista o comisario artístico, pero estaba apasionado con el movimiento que veía que se estaba generando. Me tomé un año para trabajar en ello y no pude desarrollar obra artística propia durante ese tiempo. Tenía que hacer de todo: desde organizar la exhibición, a colgar las piezas en las paredes, venderlas luego y hasta servir la cerveza en las inauguraciones. Fue un año de auténtica locura. Esa primera galería se llamó Outside Institute y fue genial. Organizamos muy buenos shows, hicimos cosas increíbles… Pero era muy difícil mantenerlo y para finales de ese año el dueño del espacio quería que comenzáramos a pagar un alquiler. No había manera de hacerlo en ese entonces por lo que terminamos cerrando. Seis meses más tarde ya estaba de vuelta a ello, creía que este proyecto se merecía otra oportunidad pero en otra zona de Londres. Decidí aplicar todo lo que había aprendido a cerca de cómo no llevar un negocio y cómo no llevar una galería y avanzamos con ello. Abrimos StolenSpace Gallery en 2005.

¿Qué significaba y sigue significando StolenSpace para ti?

Era un lugar donde todo el mundo podía compartir espacio, ideas, exponer y crear un lazo de conexiones de este movimiento del que todos éramos parte. Más que todo para mí era un espacio para rellenar ese vacío a la hora de tener a artistas de este movimiento exponiendo. Eso era en todo lo que pensaba, no tenía una visión de nada más allá. StolenSpace tiene ahora 15 años de vida y sigo involucrado en el comisariado, la dirección y en general en el funcionamiento del proyecto. 

¿De qué manera ha evolucionado tu trabajo en estos años?

En mi trabajo más antiguo hay una mayor crítica al consumismo, a la idea de que de cuantas más cosas te rodees más feliz o mejor vas a ser. A pesar de usar logos nunca tuve la intención de predicar un ‘no bebas Coca-Cola’ o ‘no utilices Nike’. En realidad no puedes vivir esa vida, a mí me gusta beber Coca-Cola y visto marcas. El mensaje iba dirigido sobre todo a reconocer el impacto y el efecto que el consumo genera sobre el individuo, averiguar si hay una alternativa y si no la hay entonces buscarla. Creo que ese trabajo es más relevante incluso a día de hoy de lo que lo era hace 10 años. Vemos el efecto cada vez más sobre nuestra sociedad. 

¿Qué es lo que te preocupa hoy en día?

El final de la civilización, supongo que esa es la mayor preocupación que tengo. Tratar de recuperar la normalidad perdida que nos devuelva a nuestras vidas. Me interesa el impacto que esto tiene sobre las relaciones humanas, la manera en que nos relacionamos. Pero al final son las cosas que siempre me han preocupado: la gente, sus relaciones, emociones… Siempre he pintado gente que da la sensación de estar muerta, pero no lo están necesariamente. Más bien están representando ese vacío, ya sea físico o incluso metafórico. Me interesan las emociones, es algo universal.

¿Hacia dónde te ves yendo a nivel de producción?

Siempre me ha fascinado el trabajo en 2D y trato de empujarme para trabajar en 3D… pero sin darme cuenta me veo arrastrado de nuevo a los dibujos simples en dos dimensiones. Trabajar en 3D es algo que me produce mucha intriga y cuantos más murales hago más me interesa crear escultura permanente. Para mí sería la evolución lógica para el trabajo en el espacio público y la que me gustaría seguir.

¿Qué es lo que te atrapa del trabajo en el espacio público?

La interacción con todo el mundo: no hay clase, no hay raza, no hay sexo. Tienes la oportunidad de dirigirte a todos ellos. He tenido la suerte de hacer murales increíbles en edificios de hasta siete e incluso viente plantas, y es el momento en el que bajas de pintar cuando se te acerca la gente para hablar de su reacción. Lo que tienen que decir para mí es lo que más me inspira. Se trata de acercar más gente al mundo del arte, hacerlo más inclusivo y menos exclusivo. 

¿El tamaño importa?

Lo hace, pero más que eso es la pared en sí: ¿cómo de apropiada es esa pared para la idea que tienes? ó ¿es esa la localización correcta para lo que quieres pintar? Muchas veces puedes conseguir una reacción más fuerte de muros pequeños. Mi favorito, por ejemplo, es el que pinte en 2014 en Miami durante la feria de Basel, ‘Suck Face’. Está ubicado en un colegio y tanto por localización como la pared en sí… Fue un proyecto genial. 

¿Nos cuentas un poco más a cerca de la última pared que has pintado en Madrid?

Se llama ‘Runaway’ y en realidad es un juego de palabras si te fijas en la pintura de uno de los personajes que está chorreando. Está desapareciendo, huyendo de sus problemas, de una relación. Es un juego entre el diseño artístico y la situación o el sentimiento. Forma parte de una nueva serie de trabajos que he presentado recientemente. La siguiente tratará sobre el deterioro, la erosión y decadencia y en las diferentes maneras que esto puede ocurrir. Ahora estoy explorando las diferentes maneras en las que algo pueda estar en un lugar físicamente o no. 

¿De qué manera de afecta esa doble identidad entre artista, o ‘street artist’, y la de una figura pública?

La verdad es que nunca he tratado de convertidme en ningún artista callejero o ni siquiera artista. Para mí lo más importante es qué muestro y qué soy en relación al trabajo que produzco, pero no tengo ningún deseo de ser reconocido. De hecho me resulta bastante desagradable cuando veo gente que le muestra más interés a cómo son como personalidad pública en lugar de al trabajo que tienen detrás. Si de verdad quieres ser una estrella del rock entonces no va sobre arte, es triste verlo, pero supongo que cada uno a lo suyo, ¿no?

En tu último solo show el pasado octubre en Tokio, presentaste una serie llamada  ‘Social DIScontent’, muy a cuento de todo lo que estamos pasando en estos tiempos…

En esa exposición cuestionaba lo que ocurría en nuestras mentes bajo esa demanda y deseo constante de información. No podía haberme imaginado que precisamente esta situación actual con el coronavirus nos fuera a hacer todavía más dependientes del teléfono. En aislamiento realmente se convierten en nuestra única ventana al mundo, a veces da miedo pensar en estos tiempos. Ahora en realidad estaba tratando de pasar menos tiempo mirando el móvil y ahora me encuentro consultándolo incluso más que antes. Tengo dos hijos y les veo adictos al TikTok (ríe) ¡y ni siquiera lo entiendo! Me paree una locura que estén mirando y replicando esos vídeos. Me hace plantearme hacia donde nos llevará esto en el futuro. 

¿Qué estás haciendo estos días de cuarentena para evitar el móvil?

Estoy tratando de leerme libros más de lo que nunca lo he intentado (ríe). Estoy intentando no coger el teléfono cada cinco minutos sin ninguna razón, tratando de dejarlo en casa si voy a pasear al perro… Romper un poco con él, pero admito que es complicado. Tengo dos estudios y por suerte uno de ellos es en mi propia casa, lo que me permite seguir trabajando en lo mío. Estos días estoy principalmente con el ordenador, poniéndome al día en cosas para las que nunca encuentro el tiempo.

¿Qué es lo próximo que vendrá de D*Face?

Se suponía que inauguraba una exposición en Taipei, Taiwan en mayo por lo que de momento sigo trabajando en ella. Es muy poco probable que siga adelante en esas mismas fechas pero mantenerlo en mi cabeza es una buena forma de centrarme en producir trabajo para ello. De hecho, lo único que sé es que no tengo ni idea de qué será lo siguiente.

 

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