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Una entrevista con Guido Bisagni aka 108

9 de Febrero de 2021
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El pasado 29 de enero el artista italiano Guido Bisagni (Alessandria, 1978), más conocido como 108, inauguraba «Hacia las nubes» en la galería Swinton de Madrid su última exposición individual. Una exhibición que recoge una treintena de obras nuevas y originales sobre papel y sobre lienzo en las que el artista ha trabajando en torno al concepto del “orfismo” desde el pasado verano en su estudio al norte de Italia.


Nacido del graffiti como una de sus primeras formas de expresión artística, 108 lleva más de 15 años de trayectoria profesional y es hoy un artista estandarte y referencia del post-graffiti en Italia y a nivel internacional. De esos artistas que se sienten tan a gusto pintando ilegalmente en la calle como presentando su trabajo de estudio en una galería. Guido Bisagni ha encontrado en las formas negras y abstractas, – casi puertas a otra dimensión – la manera de expresarse ante el mundo y de transmitir lo que ocurre dentro de sí: «es el objetivo del arte», dice Guido, «comunicar aquello que con las palabras somos incapaces de expresar».


Tímido, tranquilo, reflexivo y con un aura muy singular, 108 ha creado con los años un lenguaje y estilo propio que se debate entre lo irracional y lo racional que domina sus pensamientos y el vacío y la plenitud entre las que bailan sus figuras. Y el negro. Siempre el negro.


Reflexión, profundidad, vacío, un agujero o conexión con el más allá, mensajes sin descifrar, magnetismo, claustrofobia, magia… 108 utiliza sus obras como herramientas meditativas, y como si de un proceso chamánico se tratara y empujado por las fuerzas del más allá, logra llevarnos –gracias a su toque de brocha y pincel–, a su universo personal tan enigmático como revelador.


 






 


«Hacia las nubes» es tu exposición individual más reciente inaugurada en la Galería Swinton de Madrid. Hemos podido ver un gran número de piezas nuevas y mucho más color de lo habitual…


Esto es completamente nuevo para mí, ¡nunca antes había ocurrido! Cuando pinté estas obras pensaba en que iría a España y en que los artistas españoles por lo general son más coloridos y me puse a experimentar con esto. Se suponía que íbamos a inaugurar el pasado septiembre, pero a causa del Covid se ha tenido que retrasar todo. Lo que presento en esta ocasión son todo obras nuevas realizadas específicamente para esta exposición durante el año 2020 y he añadido alguna más durante 2021. Estas dos rojas [foto de abajo], por ejemplo, son las dos primeras obras que arranqué a pintar la exposición durante el verano de 2020 y acabé terminándolas a última hora. Hice un fondo totalmente rojo pero no estaba nada contento, había demasiado color, así que pinté sobre el fondo rojo de abajo. Tengo algunos «problemas» con el color, ya sabes, era demasiado para mí… (risas).






 


¿Cuál es su «problema» con el color?


Nunca estoy satisfecho. Quizá sea demasiado alegre para mí (risas). No significa que no me gusten los colores, pero es cierto que durante años sólo pinté en negro. Mi principal objetivo era concentrarme en la forma, en la figura, y para mí el color negro es muy importante, es un símbolo y el color más poderoso para hacer formas. Además, creo que el negro es el color más elegante a la hora de pintar muros ilegales en la calle. Es el color más natural, introduciendo otros colores podría sentirme irrespetuoso con el lugar. Hay muchos libros escritos sobre la filosofía en torno al negro, para mí el negro supone un manifiesto, una auténtica declaración. De hecho, a finales de los 90 y principios de los 2000 siempre vestía de negro, era más gótico, y al final, todo lo que pinto es siempre muy personal y el negro lleva un mensaje de introspección muy fuerte para mí. ¿Sabes cuándo la gente se vuelve demasiado invasiva? Para mí tiene que ser lo contrario. Hay tantos secretos en este color y en mis cuadros…


 


Precisamente, tu obra esconde muchos mensajes que no podemos descifrar, símbolos, números… ¿De dónde salen?


A veces son sólo números que pienso al azar y que quiero recordar. El azar en sí mismo es muy importante para mí, también de una manera mágica. Me gustan las referencias de los dibujos automáticos y la escritura automática que introduzco en  mis cuadros, como las inserciones surrealistas y pre-surrealistas. Tienen ese punto mágico, representan el contacto con lo desconocido y por eso la muestra gira en torno a Orfeo y el orfismo, una religión muy misteriosa de la que se sabe muy poco. Lo que me gusta de ello es el hecho de aceptar que a veces no se puede explicar todo, que es necesario experimentarlo: para mí eso es el arte. A veces, cuando se explican las cosas, se pierde la parte más importante del arte, que es el lograr comunicar algo que no se puede expresar con palabras.






 


En tu trabajo combinas elementos completamente abstractos, sin forma aparentemente ordenada con líneas, circunferencias y otros más geométricos. ¿Qué pasa por tu cabeza a la hora de enfrentarte a la obra?


Todo lo que hago representa este tipo de contraste mío personal:  una mezcla entre lo racional y lo irracional, el lado más libre de mí mismo y otro más ligado a las figuras geométricas, una parte más recta digamos. Las formas libres pueden necesitar algo estructurado, así es como funciona mi mente. A lo largo del tiempo he ido evolucionando en la forma de abordar esto: hace unos años mis formas eran más geométricas, pero hace diez años, cuando empecé a tener algunos problemas de ansiedad, intenté alejarme de esta parte tan racional y estructurada, a las que me daba más miedo enfrentarme… ¡Y terminé volviéndome demasiado irracional! Ahora intento encontrar el equilibrio entre ambas partes. Muchas veces cuando miro mis cuadros soy capaz de averiguar por qué parte de mi vida personal estaba pasando.


 


¿Tienen algo que ver en esa búsqueda del equilibrio en tu obra esos trazos a veces desordenados y líneas a lápiz, la pintura sobre la pintura?


Es algo que trasciende la parte pictórica para representar una más filosófica. Durante años traté de ocultar mis “errores”, mi «lado oscuro»… Cuando miraba atrás y trataba de olvidarlos y  lo mismo me ocurre con mi obra. Empiezo a pintar una forma, pero luego sólo me gusta una de las partes, así que empiezo a borrar y a pintar encima por aquí y por allá. Ahora en lugar de “tratar de ocultarlo” me encanta que se pueda ver la acción que ocurrió allí, ese testimonio. A veces incluso lo hago a propósito porque busco crear imperfecciones cuando considero que el cuadro necesita una compensación. Me gustan los errores, abrazo la imperfección… Todo lo que hago es contra la perfección.


 


¿Es el resultado de una evolución personal?


Entenderlo me llevó un largo proceso, nunca tomo ninguna decisión de un día para otro. Observo, veo lo que me gusta, lo que no, reflexiono sobre ello… Y sigo aprendiendo de mi práctica. A veces representa incluso una lucha interna para mí. Me gustaría pintar con más libertad, pero de alguna manera no puedo. Admiro a mis amigos artistas que son capaces de ser libres mientras pintan. Soy una persona ansiosa, así que nunca estoy completamente feliz. Pienso demasiado y no es hasta que hago 5, 6, 7 o incluso 10 formas cuando empiezo a pintar sin pensar en lo que estoy haciendo. Me gusta cuando llego a esta fase de libertad, este equilibrio tan difícil entre lo que quiero hacer y lo que el pincel me dice que haga.


 






 


Precisamente alguien podría pensar que enfrentarse a una obra abstracta debería implicar menos reglas, menos pensar y más libertad de movimiento. Trato de imaginarte frente a un lienzo, averiguando cómo enfrentarte a esa siguiente forma… ¿Hasta qué punto te sientes libre o constreñido a la hora de afrontarla?


La forma es el centro de mi trabajo, así que siempre estoy buscando la forma perfecta. Sin embargo, no sé cuál es, sigue cambiando, es algo que no se puede entender realmente. Así que a veces utilizo un lápiz para dibujar antes y otras me lanzo directamente. Lo que ocurre es casi un proceso chamánico para adentrarme en lo desconocido, dejarme llevar por los espíritus… Es una especie de sensación mágica que me gusta generar no sólo cuando pinto sino cuando creo en general. También cuando hago música, o sonido, ¡no sé si se puede llamar música! (risas). Incluso es una actitud en la vida, seguir esas fuerzas desconocidas que me llevan aquí y allá, me causa mucha emoción. Es como una búsqueda de maravillas. Desde que era un niño siempre he estado en la búsqueda de maravillas. Pueden ser de cualquier tipo, lugares increíbles, gente increíble, gatos increíbles…


 


La instalación que hay dentro de la exposición da la impresión de ser la parte más libre y desordenada…


Es el «Museo de lo absurdo», una idea que desarrollé junto con Michela D’Acquisto, la comisaria con la que trabajo. En este espacio pongo todo lo que quiero de forma aleatoria y es el espacio donde realmente me siento más libre, donde no me importa nada. Esta vez he añadido una cuerda de guitarra y una máquina de retardo que uso para hacer mis sonidos y distorsionarlos en referencia a Orfeo, que solía tocar de lira. Aquí coloco cosas al azar, cosas que encuentro cuando viajo, hay fotos de obras mías, una caja de Xanax pintada… (risas) Esta es realmente la única parte de la exposición en la que me siento realmente cómodo.






 


¿Sigues disfrutando de viajar por el mundo pintando paredes?


Sí, me gusta. Pero las cosas han cambiado. Cuando empezó todo este movimiento de postgraffiti y Street Art fue realmente algo muy salvaje y divertido. Los artistas de mi generación estábamos acostumbrados a pintar gratis en cualquier sitio y cuando empezaron a pedirnos que pintáramos en festivales por dinero y con los vuelos pagados fue increíble. Pero ahora todo eso ha cambiado completamente, en aquella época yo tenía 25 años, ahora tengo 42, así que no tengo la misma energía. Desde mi punto de vista, los festivales ya no hacen Street Art. Para mí el Street Art es cuando sales y haces lo que sientes, encuentras un lugar que te gusta, vas con tus amigos y pintas. Personalmente sigo haciéndolo en el entorno donde vivo. De hecho tengo un libro llamado «#VLVN» con algunas de las piezas que hice con mi amigo Maceca en un lugar abandonado cerca de donde vivo en el norte de Italia. Encontrar un lugar es parte del proceso y decidir qué hacer allí sin pensar que estás trabajando para alguien.






 


 


Y como curiosidad… ¿qué negro utilizas para pintar?


Casi siempre uso el mismo, es una pintura negra acrílica con base de agua para paredes, para exteriores. Es el negro más negro y pinto con él sobre lienzo y sobre papel, porque aunque le añada un poco de agua y lo haga muy líquido, la intensidad de negro se mantiene. Tiene muchos pigmentos, así que es perfecto.


 


 


 


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