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Grip Face

(Son Ferriol, 1989)

Grip face es el alter ego del artista visual David Oliver.

Cara de lija – o como le llamaban sus compañeros de patín en la Palma de principios de los 2000- emprende su educación estética y visual como una significativa parte de la generación de artistas millenial: a base de patinar en la calle, leer cómics, ver anime, escuchar música anglosajona y estudiar minuciosamente portadas de libros, discos y fanzines. Bajo el auspicio de las corrientes underground americanas de los 90, el grafismo utilizado por el punk en los 80 y el arte asiático naif, Grip Face se zambulle en el rito iniciático de la plástica del graffitti así como en su posterior deconstrucción; la propia insurrección del medio le permite entender – desde una edad bien temprana- el arte como método para la supervivencia. El dibujo y la pintura se convierten  en armas de destrucción masiva contra la ansiedad del mundo contemporáneo. Así da comienzo una multifacética carrera artística que se fundamentará principalmente en reexaminar de forma constante la mirada hacia su pléyade. 

 

Con la vocación del artista-ingeniero, Grip Face tiende puentes entre contextos, elementos, técnicas, espacios y personas. Extrae parte de su lenguaje primigenio, cimentado principalmente en el espacio público y del cual son representativos los proyectos Doors without destination y Black faces (publicado en 2016 en formato de libro homónimo) y lo traslada al espacio privado de las galerías de arte contemporáneo mediante instalaciones site-specific, esculturas, pinturas o tapices. Proyectos como Not rented to humans o Black rubbish is the future reflectan el desasosiego y malestar producidos por ser a la par actores y testigos de la autodestrucción de nuestro hogar. Sus libretas de dibujo, que le acompañan desde adolescente - y que constituyen el lado más puro a la vez que oscuro de su trabajo- son el preludio de la mayoría de sus piezas acabadas.

 

Moverse con holgura entre los recovecos parece una cualidad idiosincrática de este artista visual; quizás sea porque siempre se vio como un outsider, sin terminar de estar cómodo con ninguna etiqueta y sintiéndose a partes iguales ansioso y expectante ante la perspectiva de una sociedad permanentemente enmascarada, que parece irremediablemente abocada a la masificación tecnológica, la comunicación a través de dispositivos, las relaciones superficiales y la ocultación de lo verdadero. 

 

De la misma forma en la que una pantalla nos devuelve escalonadamente un mensaje de error en ventanas quintuplicadas y superpuestas, la pintura de Grip Face nos brinda un espacio lúdico y lleno de estratos donde diseccionar las inquietudes de una generación impaciente, ávida de información -sea o no determinante su veracidad- y para la cual el paisaje de Internet es el aparentemente mejor escenario para el correcto aprendizaje del savoir faire. Sus telas no entienden de índices impacientes aporreando el lado izquierdo del ratón; cada capa de información se trabaja de forma precisa y minuciosa, y la técnica no es nunca baladí. Cada capa es intervenida, tachada o tapada, configurando así un universo meta, plagado de referencias estéticas inherentes a la generación Y (y también a la Z, y seguramente a todas las letras que las sigan) y ejecutado con una precisión técnica propia del que aprendió a pintar bajo el yugo de la inmediatez. Éstas pertenecen a una serie infinita, una exploración evolutiva que forma parte del proceso de aprendizaje del mismo autor que las elabora. Lo que tiene sentido para Grip Face es la continuidad, no ser capaz de ver el final, la incertidumbre de hacia donde le llevará la pintura. Vivir la expresión artística como vivimos en el mundo, transitoriamente y en un presente incierto.